Hoy, quienes guían procesos formativos tienen un nuevo desafío: no solo enseñar, sino transformar.
Los formadores que dejan huella no son los que “saben más”, o estudiaron más teoría, sino los que logran tocar la emoción, mover al cuerpo y encender una reflexión profunda. Son los que logran que algo suceda en el individuo, incluso después de que la capacitación terminó. Los que te dejan pensando, reflexionando y queriendo ponerte en acción de un cambio.
En este nuevo paradigma, la experiencia supera al discurso. El cómo se transmite es tan importante como el qué; y es ahí donde muchos se están animando a salir del rol tradicional para convertirse en facilitadores de vivencias transformadoras, poniendo en valor habilidades como la comunicación o la emocionalidad y también donde es necesario empezar a formarse también en estas habilidades.

Desde mi lugar, acompaño a coaches, formadores y organizadores de eventos a rediseñar sus espacios formativos para que conecten con el público de manera más humana, más cercana, más real, con herramientas prácticas y fáciles de poner en acción.
Herramientas para formadores que quieren transformar:
- Diseñá con propósito emocional:Antes de cada actividad, preguntáte: ¿Qué emoción quiero despertar? ¿Qué vivencia quiero que se lleven? Diseñar desde el propósito emocional da dirección y coherencia al proceso.
- Incorporá el cuerpo como canal de aprendizaje:Una pausa consciente, una dinámica de movimiento o una visualización guiada generan más recordación (generan más capacidad para recordar lo trabajado) que 20 diapositivas con información. El cuerpo es clave en la integración del aprendizaje.
- Usá preguntas que abran y no cierren: como por ejemplo:¿Qué te llevás de esta experiencia?¿Qué parte de vos se activó hoy?¿Qué harías diferente desde ahora?
Las preguntas poderosas generan transformación.
- Dejá espacio al silencio y al sentir:No llenar todos los minutos de contenido. Un momento de pausa puede ser el instante donde ocurre la verdadera conexión interna.
- Revisá tu rol:¿Estás hablando “desde arriba”? ¿O te estás permitiendo ser también un cuerpo que aprende, siente y se transforma junto al otro?
Hoy más que nunca, necesitamos formadores que se atrevan a emocionar, incomodar y movilizar. Que enseñen desde lo vivido, no solo desde lo leído. Que diseñen con sentido, no con plantillas.
¿Tu propuesta formativa genera transformación o solo transmite información?